Los huérfanos de la diáspora venezolana

La forzada salida de los venezolanos deja profundas fracturas emocionales en los niños

Muchas familias se han visto fracturadas por causa de la diáspora causada por la profunda crisis que sufre actualmente Venezuela. La diáspora venezolana ha dejado a muchos niños en una forma de orfandad  que hasta ahora no se había dado a conocer en el país. 

Una gran cantidad de venezolanos han emigrado a otros países buscando la oportunidad de proveer a sus familias y cubrir las necesidades básicas de alimentación, educación y salud, entre otras.

El problema es que en la búsqueda de la provisión material, se está sacrificando un aspecto tan importante como intangible: el sentido de protección de la presencia de los padres y madres en  la vida de sus hijos.

Este abandono forzado deja una lección: «mamá y papá pueden abandonarme».

Según explica Susana Choren en su articulo sobre las necesidades humanas básicas  «Las necesidades fundamentales son: subsistencia (salud, alimentación, etc.), protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda, etc.), afecto (familia, amistades, privacidad, etc.) entendimiento (educación , comunicación, etc.), participación  (derechos, responsabilidades, trabajo, etc.), ocio (juegos, espectáculos) creación (habilidades, destrezas), identidad (grupos de referencia, sexualidad, valores), libertad (igualdad de derechos)».

Consecuencias emocionales de la diáspora

La crisis nacional vulnera los derechos de los niños.

La ausencia de las figuras paternas, vulnera estas necesidades, ante una situación crítica, tal como la que se vive en el país, toca escoger entre unas y otras, priorizando por las vitales, dejando de lado otras que tienen una fundamental importancia en la base de la inteligencia emocional, que permite el desarrollo de adultos seguros y capaces de criar nuevas generaciones fortalecidas en el entorno moral.

Indica la autora en su texto que «Integrar la realización armónica de las necesidades humanas en el proceso de desarrollo, significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos; dando origen así a un desarrollo sano, autodependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social, el crecimiento de las personas y la protección del ambiente».

He aquí la fractura socioemocional a la que nos enfrentamos los venezolanos. Al alcance de cualquiera de nosotros hay una historia de un amigo, familiar, colega o conocido que en este momento está en otro país, trabajando para poder enviar dinero a su familia.

Al hablar con un niño o niña que está al cuidado de familiares, se percibe la ansiedad de la separación. Desde muy pequeños desarrollan el concepto del aquí y el allá… «Mi papá se fue a otro país», aprenden el nombre de ese lugar que no pueden visualizar, pero que existe, allá donde está su papá o su mamá.

Es un concepto difuso, lo impactante es que así mismo está difusa esa fuente de confort y protección. En muchos casos no queda alternativa, se renuncia al abrazo, para que puedan comer, vestirse y tener la seguridad de una vivienda.

Esas historias las habíamos escuchado de primera mano en los migrantes colombianos que por décadas buscaron santuario en Venezuela, hoy toca afrontar esta realidad, pero sus consecuencias están por venir, inexorablemente.

Recientemente la BBC publicó un trabajo periodístico en el que refleja esta situación a través de la historia de niños venezolanos huérfanos por la diáspora.

El reportaje plantea datos emitidos por un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) que dice que 1,5 millones de venezolanos han salido del país en los últimos años.

El ente de las Naciones Unidas registra que Venezuela es el cuarto país en la generación de nuevas solicitudes de asilo en el mundo, sólo por detrás de Afganistán, Siria e Irak.

Tomando en cuenta que los citados países árabes atraviesan situaciones de guerra, pareciera inexplicable que un país lleno de recursos materiales y humanos como lo es Venezuela, aparezca en tan lamentable estadística.

Durante la última semana hemos sentido pena, rabia y una serie de emociones por aquellos niños separados de sus padres en la frontera entre Estados Unidos y México, sin darnos cuenta que en Venezuela se vive un drama muy parecido.

 

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Fuente
BBCmendoza-conicet

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