Campo de refugiados en Bogotá provee escasamente de seguridad a venezolanos

Las condiciones del campo de refugiados son deficientes, pese a que la alternativa para algunos es dormir en la calle

460 venezolanos viven en un campo de refugiados en Bogotá, recién abierto cerca del aeropuerto de la ciudad.

Las condiciones en las que son albergados son precarias, pese a la organización y el presupuesto asignado para su funcionamiento.

El periódico The Guardian mostró mediante un reportaje las condiciones del lugar y habló con algunos de los residentes temporales.

Estilita López, de 78 años de edad, Yaracuyana refugiada en Bogotá

Una de las entrevistadas fue Estilita López, de 78 años de edad, quien viajó desde Yaracuy, quien contó: «Tuve que irme de Venezuela, pero esto es todo lo que hay para nosotros aquí», mientras entre ella y su hija organizaban sus pertenencias que se habían mojado debido a una lluvia.

El campamento consta de carpas, baños portátiles, duchas y servicios médicos. Sin embargo el terreno en el que está situado se anega de agua si llueve.

Los vecinos declararon al diario que les preocupa la salud de los refugiados, que no cuentan con calefacción para abrigarse en las frías noches bogotanas.

María Gabriela Ruiz, de 22 años, embarazada de 7 meses quien sin trabajo no puede pagar un lugar donde vivir.

Otra venezolana que comentó sobre su situación es María Gabriela Ruiz, de 22 años, quien dejó Venezuela el año pasado junto con su novio y había estado viviendo en un apartamento mientras trabajaba en trabajos ocasionales en toda la ciudad. Actualmente está embarazada de siete meses por lo que no es capaz de encontrar trabajo, por lo que terminó en el campamento.

«No me siento como una refugiada, me siento más como una prisionera», comenta a los periodistas. «Tenemos que esperar para que nos den la comida, y a veces ni siquiera llega … anoche me fui a la cama con hambre».

El alcalde de la ciudad, Enrique Peñalosa, ha pedido al gobierno colombiano que nacionalice a los venezolanos.

«Sería una gran ayuda, no solo desde un punto de vista humanitario sino también económico», dice Cristina Vélez Valencia, secretaria de integración social de Bogotá. «Muchas de las personas que llegan son jóvenes, por lo que sería un gran impulso demográfico tenerlos en la fuerza laboral».

Vélez agregó que el plan es cerrar el campamento en enero, aunque lo que sucede después de eso sigue siendo incierto. «Estamos buscando otras opciones», dice, y agrega que se están estableciendo más refugios permanentes para los residentes a corto plazo en edificios en toda la ciudad. «Lo que no queremos es seguir abriendo más y más campamentos», dijo el alcalde.

A través de
Venezuelacomenta.com
Fuente
theguardian.com

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