Desmond Tutu fallece a los 90 años

Su lucha contra el apartheid fue fundamental para el destino de Sudáfrica

El arzobispo sudafricano Desmond Tutu, que fue uno de los símbolos de la resistencia contra el apartheid y luego se convirtió en promotor de la reconciliación, falleció hoy a los 90 años, anunció la presidencia de Sudáfrica.

Autoridad eclesiástica anglicana, Tutu ganó el Premio Nobel de la Paz en 1984 como símbolo de la lucha no violenta contra el régimen racista que imperó en su país.

Pero después del fin del apartheid, luego de que Nelson Mandela fuera elegido presidente de la nueva Sudáfrica, concibió y presidió la Comisión para la Verdad y la Reconciliación (CVR), creada en 1995.

Ese ente, en un doloroso y dramático proceso de pacificación entre las dos partes de la sociedad sudafricana, expuso la verdad sobre las atrocidades cometidas durante las décadas de represión por parte de los blancos.

Se concedió el perdón a quienes, entre los responsables de las atrocidades cometidas, habían confesado íntegramente: una forma de reparación moral también hacia los familiares de las víctimas.

Al anunciar la desaparición del reverendo Tutu, el presidente Cyril Ramaphosa expresó, «en nombre de todos los sudafricanos, una profunda tristeza por la muerte el domingo de una figura esencial en la historia del país». El mandatario señaló que el arzobispo había ayudado a legar «una Sudáfrica liberada».

Tutu fue brújula moral en los tiempos más oscuros y, junto a Mandela, cargó con la tarea de reconciliar a la nación tras la conquista de la democracia en 1994.

«Cuando los misioneros vinieron a África, nosotros teníamos la tierra y ellos la biblia. Entonces dijeron: ‘recemos’. Y nosotros, obedientemente, cerramos los ojos y cuando dijimos ‘amén’ al final y abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la biblia. Parece un mal canje pero estamos para siempre en deuda con esos hombres y mujeres», es una de sus citas más conocidas.

Tutu nació en 1931 en Klerksdorp, una pequeña localidad al suroeste de Johannesburgo, y anhelaba ser médico pero la falta de recursos de su familia hizo que se formase como profesor, la profesión de su padre.

De 1954 a 1957 ejerció como maestro de escuela y no fue ordenado pastor anglicano hasta 1960, tras haber cursado Teología.

La siguiente década y media la pasó consagrada al estudio en Londres y en 1975 fue designado decano de la catedral anglicana de Johannesburgo, cargo al que por primera vez accedió un hombre negro.

Allí fijó su residencia en el distrito de guetos de Soweto, donde fue testigo de una de las etapas más convulsas del apartheid, con las protestas estudiantiles de 1976, en las que murieron más de 600 personas, la mayoría jóvenes.

En 1977 fue nombrado obispo de Lesoto y, un año después, fue designado secretario general del Consejo de Iglesias Sudafricano. Empezó allí a manifestar abiertamente su apoyo al movimiento de la Conciencia Negra e intensificó su activismo antiapartheid hasta convertirse en una figura de resonancia internacional.

Más tarde, «Madiba» -apodo local de Mandela, que describía al arzobispo como «la voz de los de los que no tienen voz»- puso en manos de Desmond Tutu la difícil tarea de presidir la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Tutu y Mandela (fallecido en 2013) habían residido en la misma calle en Soweto, que es hoy una de las mayores atracciones turísticas de Johannesburgo, para orgullo de los sudafricanos, que presumen de que ningún otro país tiene una calle con dos Nobel de la Paz.

En la última etapa de su vida, Desmond Tutu concentró sus esfuerzos en temas sociales y en campañas globales como la promoción de la Alianza de las Civilizaciones (2005) -una iniciativa para avanzar en el diálogo entre el mundo islámico y el occidental y combatir el extremismo- o la lucha contra el cambio climático.

También alzó la voz contra la corrupción de los nuevos poderes sudafricanos en democracia, contra las violaciones de derechos humanos protagonizadas en Africa por líderes autocráticos como Robert Mugabe (Zimbabue) y contra las posturas más rígidas de la propia Iglesia Anglicana en temas como la eutanasia o la homosexualidad.

Este año, dio el ejemplo figurando entre los primeros en vacunarse contra el Covid-19 cuando la campaña se abrió a la población general.

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TelesurDW

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