La búsqueda que no termina.
En La Guaira, el ruido de la maquinaria pesada se mezcla con la desesperación de quienes aún esperan encontrar a sus seres queridos tras el doble sismo del 24 de junio. Entre ellos está Eilyn Solano, madre de Jhoniel José Morales, un niño de 11 años que desapareció entre los escombros de la OPP 26. Desde entonces, ella y su familia han mantenido una búsqueda incansable, recorriendo hospitales, morgues y refugios, convencidos de que aún puede haber respuestas.
El dolor de las familias.
El último balance oficial, emitido en agosto, reportó 6.509 víctimas fatales, pero no ofreció cifras claras de desaparecidos. Organizaciones y vecinos han asumido su propio conteo. Casos como el de Nayibe Geromes, que busca a su madre, o el de Angie Sojo, que intenta localizar a su esposo, reflejan la incertidumbre de cientos de familias que siguen removiendo escombros y gestionando pruebas de ADN sin resultados concluyentes.
Denuncias y fallas en el proceso.
ONGs como Cofavic han documentado irregularidades en la cadena de custodia y en los procesos de identificación de cadáveres, lo que alimenta el temor de que algunos cuerpos hayan sido entregados erróneamente o cremados sin confirmación. La Defensoría del Pueblo asegura que mantiene canales de atención y acompañamiento, pero las familias denuncian falta de información y apoyo técnico.
Una tragedia que persiste.
Cuatro meses después, los terrenos devastados muestran silencio y vacío, mientras las familias continúan su búsqueda entre la confusión y el dolor. Para ellas, la tragedia no ha terminado: sin cuerpos identificados, la esperanza y la incertidumbre siguen vivas.