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Donald Trump y su visión de poder global sin límites

El despertar de una ambición internacional.
Tras cinco años en la Casa Blanca, Donald Trump ha dejado claro que su mirada ya no se limita a los obstáculos legales o constitucionales dentro de Estados Unidos. En una entrevista con The New York Times, aseguró que solo su “propia moralidad” puede frenar su poder global y añadió: “No necesito el derecho internacional”.

Una política exterior marcada por la fuerza.
La administración Trump ha intensificado su rechazo a tratados, instituciones multilaterales y alianzas tradicionales. La reciente operación militar en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro, violó la soberanía de otro país y el derecho internacional, pero el presidente siguió adelante convencido de que la fuerza estadounidense legitima sus acciones.

Venezuela y el petróleo como eje estratégico.
Trump anunció que supervisará personalmente las exportaciones petroleras venezolanas, lo que muchos interpretan como un regreso a prácticas colonialistas. Su objetivo es debilitar a Cuba y limitar la influencia de China y Rusia en la región. Esta estrategia, bautizada como “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, busca consolidar el dominio estadounidense en el hemisferio occidental.

Groenlandia en la mira.
El presidente también ha vuelto a fijarse en Groenlandia, cuyo valor estratégico aumenta por sus minerales de tierras raras y las nuevas rutas abiertas por el deshielo. Trump considera que “la propiedad es importante” y que controlar la isla sería “psicológicamente necesario para el éxito”, pese a que es un territorio autónomo de Dinamarca y aliado de la OTAN.

Riesgos y consecuencias.
La ambición de Trump podría tener efectos disruptivos:

  • Prolongar la presencia militar en Venezuela generaría rechazo regional.
  • Intentar imponer control sobre Groenlandia pondría en riesgo la estabilidad de la OTAN.
  • El desprecio al derecho internacional podría alentar a rivales como Rusia y China.

Un poder sin freno.
Trump insiste en que solo él puede “arreglarlo”, pero sus bajos índices de aprobación reflejan que su intento de trasladar esa doctrina al plano global enfrenta serias limitaciones. Su apuesta por imponer la voluntad estadounidense en el mundo abre un escenario de incertidumbre y tensión internacional.

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