El regreso de los datos oficiales.
Después de diez años de opacidad, el Banco Central de Venezuela (BCV) ha comenzado a publicar indicadores económicos que permanecían ocultos. La medida llega tras la intervención de Estados Unidos y busca dar credibilidad a los planes de recuperación impulsados por el gobierno de Delcy Rodríguez. Los datos revelan que la inflación alcanzó el 32% en enero, 14,6% en febrero y 13,1% en marzo, con una tasa interanual de 649,5%, una de las más altas del mundo.
Supervisión internacional y cambios internos.
La apertura estadística se acompaña de auditorías externas para garantizar transparencia en el manejo de recursos. Tras el levantamiento de sanciones al BCV, se produjo la renuncia de Laura Guerra, expresidenta del organismo, y se anunció un control conjunto entre Estados Unidos y Venezuela sobre las operaciones financieras y cambiarias.
Reconexión con organismos multilaterales.
La intervención también ha obligado a Venezuela a restablecer relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones con las que había roto vínculos desde mediados de los 2000. La actualización de datos en sus bases refleja la magnitud de la crisis: el PIB per cápita pasó de 13.000 dólares en 2012 a apenas 4.300 en 2024.
El costo de la opacidad.
Expertos como Hermez Pérez advierten que ocultar cifras solo agrava los problemas económicos, al impedir diagnósticos claros y reducir la credibilidad del BCV. La falta de independencia del banco central, convertido en financiador del déficit fiscal desde la era de Chávez, es señalada como una de las raíces de la hiperinflación.
Un reto institucional.
La publicación de estadísticas es apenas el primer paso. El futuro de la economía venezolana dependerá de si el BCV logra recuperar autonomía y credibilidad, condiciones indispensables para estabilizar precios y atraer inversión.