Un testimonio inédito.
Por primera vez, Nicolás Ernesto Maduro Guerra, conocido como Nicolasito, habló públicamente sobre la madrugada del 3 de enero, cuando creyó que su padre había muerto tras el bombardeo en Caracas. En una entrevista, recordó el último audio que recibió de él: “Nico, están bombardeando. Que la patria siga luchando, vamos para adelante”.
Las llamadas desde prisión.
Un mes después del ataque, Maduro Guerra recibió la primera llamada de su padre desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York. Desde entonces, graba cada conversación, consciente de que forman parte de la historia reciente de Venezuela. Maduro dispone de 510 minutos al mes para comunicarse con el exterior.
La vida en la cárcel.
El exmandatario pasó sus primeros meses en aislamiento, con condiciones básicas. Tras negociaciones del gobierno de Delcy Rodríguez, ahora comparte espacios con otros presos y dedica gran parte de su tiempo a leer la Biblia, obras de Bolívar, Lenin, García Márquez y textos de derecho. Según su hijo, ha leído más de 60 libros desde su captura.
El recuerdo de la detención.
Maduro Guerra reconstruyó cómo su padre fue atrapado en una vivienda sin protección, intentando refugiarse en un armario. Relató que recibió golpes y que Cilia Flores, su esposa, perdió el conocimiento tras el operativo. “Menos mal que supimos que estaba bien después, porque el charco de sangre que había era bárbaro”, dijo.
Un legado en disputa.
El diputado reconoce errores del chavismo y admite diferencias con su padre, pero asegura que Maduro se mantiene fuerte y espiritual. “Él siente que su victoria es que sigue vivo”, afirmó, convencido de que su padre estaba preparado para enfrentar este desenlace.