Un mercado que busca reactivarse.
Tras la salida de Nicolás Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez en Caracas, los exportadores colombianos observan con cautela el futuro del comercio bilateral. Venezuela fue hace más de una década el segundo socio comercial de Colombia, con ventas que superaban los 2.600 millones de dólares en 2012. Hoy, las cifras rondan apenas los 1.000 millones, y aunque hay optimismo, recuperar esos niveles podría tomar al menos dos años, según estimaciones de analistas.
Cifras recientes y desafíos estructurales.
Entre enero y noviembre de 2025, las exportaciones colombianas hacia Venezuela alcanzaron 959 millones de dólares, un crecimiento del 8,4% frente al año anterior. Sin embargo, las importaciones desde el vecino país cayeron un 19%, reflejando la fragilidad de su aparato productivo. Expertos advierten que sanear el sector petrolero venezolano requerirá inversiones cercanas a 100.000 millones de dólares, un proceso que podría tardar hasta una década.
Empresarios en la frontera: cautela y expectativas.
En Cúcuta, empresarios como Neyker Santander, de Pinturas PVC Colors, se preguntan si la apertura será una oportunidad o un riesgo. El temor es que un eventual nacionalismo económico imponga aranceles altos para proteger una industria local aún débil. Santander insiste en la necesidad de un plan conjunto entre gremios y líderes sociales para evitar improvisaciones.
Nuevos productos y estrategias.
El comercio ya muestra señales de cambio: detergentes y tensoactivos duplicaron su valor en 2025, mientras el polipropileno se consolidó como insumo clave para la industria plástica venezolana. Empresas como Maderkit, dedicada a muebles listos para armar, han optado por estrategias adaptadas a la cultura venezolana, incorporando equipos de ventas con experiencia directa en el país.
Más allá de los discursos.
Los empresarios coinciden en que la recuperación no dependerá solo de la apertura de fronteras, sino de factores como la confianza bancaria, seguros de crédito, logística y reglas claras. La experiencia muestra que las compañías colombianas ya aprendieron a vender en medio del caos, pero ahora deberán hacerlo en un escenario de transición política y económica.