Un escenario inesperado.
En un salón de Londres, más de 200 representantes de la industria energética debatieron lo que hace meses parecía imposible: apostar por el petróleo venezolano. La firma Apertura Energy, dirigida por Greig Gilbert, anunció planes de inversión en el sector, convencida de que “el momento es ahora”.
Las reformas y el atractivo del crudo.
Bajo la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, se eliminaron restricciones que obligaban a PDVSA a mantener mayoría en proyectos conjuntos. Ahora, las empresas privadas pueden operar directamente los campos y quedarse con una mayor parte de las ganancias.
Washington también alivió sanciones, lo que permitió que Venezuela exportara 28 millones de barriles en un mes, un aumento del 69 % respecto al año anterior. Más de la mitad de ese crudo se dirige a refinerías estadounidenses, mientras que India y países europeos también figuran entre los compradores.
Los riesgos.
A pesar del entusiasmo, los expertos advierten que la infraestructura petrolera está en ruinas tras años de crisis y sanciones. El recuerdo de las expropiaciones de 2007, cuando compañías como ExxonMobil fueron expulsadas, sigue pesando en la decisión de invertir.
Según cálculos de analistas, modernizar el sector requerirá entre 50.000 y 100.000 millones de dólares en los próximos diez años, con resultados visibles solo a mediano plazo.
Un debate abierto.
Mientras algunos ven una ventana de oportunidad para aprovechar las mayores reservas probadas de crudo del mundo, otros recuerdan que la inestabilidad política y económica de Venezuela puede cambiar el panorama en cualquier momento. La apuesta es alta, pero la recompensa también.