Un costo descomunal.
Los recientes terremotos dejaron al descubierto la fragilidad de la economía venezolana. La factura de reconstrucción podría superar los 37.000 millones de dólares, en un país debilitado por la inflación, la fuga de talento y la falta de instituciones sólidas.
Impacto en sectores clave.
La UNDRR estima que los daños en viviendas, comercios y escuelas alcanzan los 24.000 millones, mientras que la infraestructura crítica suma otros 13.000 millones. El reto incluye sostener sectores como petróleo, telecomunicaciones, energía y transporte, además de apoyar a pequeñas y medianas empresas.
El petróleo como sostén.
Aunque PDVSA asegura que su infraestructura no sufrió daños graves, las exportaciones se ralentizaron tras los sismos. La producción de crudo ha crecido un 28 % desde enero, gracias a acuerdos con Shell, SLB, Chevron y Repsol, pero persisten dudas sobre la capacidad institucional para sostener esa recuperación.
Deuda y fuga de talento.
Venezuela enfrenta un refinanciamiento de su deuda externa, que podría llegar a 240.000 millones de dólares, más del doble de su PIB. La falta de profesionales cualificados, tras la migración de millones de venezolanos, agrava el desafío de ejecutar la reconstrucción.
Ayuda internacional y opacidad.
Estados Unidos ha comprometido más de 300 millones de dólares en asistencia, mientras administra las exportaciones petroleras. Sin embargo, la falta de transparencia sobre los ingresos genera incertidumbre sobre cómo se financiará la recuperación.