Un nuevo temor en Caracas.
Tras la captura de Nicolás Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez con respaldo de Washington, políticos, periodistas, empresarios y activistas venezolanos recalculan sus discursos. El miedo ya no es solo al Sebin, sino a incomodar a Estados Unidos, cuyo poder condiciona visados, financiamiento y relaciones políticas.
El efecto del tutelaje.
Desde enero, Venezuela vive bajo una tutela estadounidense que combina apertura política y acuerdos petroleros con un clima de autocensura. Criticar a Rodríguez equivale a cuestionar a Washington, y muchos opositores moderan sus palabras para evitar represalias diplomáticas.
Silencios estratégicos.
Líderes como María Corina Machado cuestionan el acuerdo petrolero sin confrontar directamente a EE UU.
Empresarios temen perder acceso a visas o quedar fuera de futuros negocios.
Activistas de derechos humanos evitan protestas frente a la embajada por presiones explícitas.
Periodismo y sociedad civil.
Los medios siguen bloqueados y los periodistas denuncian niveles de autocensura inéditos. El movimiento de derechos humanos, antes combativo, se repliega para no perder canales de comunicación con Washington ni fuentes de financiamiento.
Una paradoja política.
Mientras Trump presenta a Venezuela como un “estado 51” y celebra acuerdos millonarios, la población no percibe mejoras en su vida cotidiana. El desencanto se refleja en críticas crecientes en redes sociales, incluso entre la diáspora.