El proceso inflacionario, la crisis económica y la falta de soluciones han condenado a los venezolanos a verse enfrentados al hambre y la carencia de los más básicos recursos para la subsistencia.
La hiperinflación en Venezuela somete al hambre a un tercio de la población, donde más de nueve millones de personas, según el Programa Alimentario Mundial (PAM) de la ONU no tienen suficiente comida y requieren asistencia.
Según los datos del PAM, la galopante inflación redujo la capacidad de las familias de comprar comida y satisfacer otras necesidades básicas: «El 59% de los núcleos familiares no tiene recursos suficientes para comprar alimentos y el 65% no puede comprar productos de higiene, ropas y alimentos».
Sobre la base de un cuestionario difundido en el país, el PAM relevó que una familia de cada cinco tiene un consumo alimentario «inaceptable» y un aporte nutricional insuficiente.
El 74% de las familias, agregó el PAM, se adaptó a una reducción de la variedad, calidad y cantidad del alimento consumido. Para sobrevivir el 33% de las familias aceptaron trabajar recibiendo a cambio no dinero sino comida.
Muchos además tuvieron que vender los bienes familiares para poder cubrir sus necesidades esenciales.
«Preocupa», además, el hecho de que pronto estos métodos de adaptación no bastarán más y un mayor número de familias sufrirán hambre, con graves daños para las personas más vulnerables, como niños, ancianos y mujeres embarazadas.