Un mediador en terreno hostil.
Desde 2015, José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en uno de los pocos interlocutores aceptados por el chavismo y la oposición venezolana. Su papel, marcado por viajes constantes a Caracas y negociaciones en Santo Domingo, estuvo siempre rodeado de polémica. El expresidente defendió su labor por los presos políticos liberados, aunque evitó criticar directamente a Nicolás Maduro para mantener su rol de facilitador.
El Plan Z y la crisis de 2024.
En noviembre de 2024, Zapatero presentó a Maduro el llamado Plan Z, que proponía acortar el mandato presidencial, crear la figura de un primer ministro y aprobar una ley de amnistía. La iniciativa buscaba apartar a Maduro sin romper el diálogo, pero nunca fue aceptada. Poco después, el líder chavista fue capturado en una operación militar estadounidense.
Entre la confianza y la desconfianza.
Mientras el chavismo lo veía como un aliado que nunca los abandonó, sectores de la oposición —especialmente los de María Corina Machado— lo acusaban de legitimar al régimen. Su cercanía con Delcy Rodríguez alimentó las críticas y lo convirtió en una figura controvertida dentro y fuera de Venezuela.
Investigaciones y sospechas.
Hoy, la Audiencia Nacional investiga sus actividades empresariales en Venezuela y lo vincula con una presunta red de tráfico de influencias a través de la consultora Análisis Relevante. La polémica judicial añade un nuevo capítulo a una década de mediación que lo expuso a riesgos políticos y personales.
Balance de una década.
Zapatero insiste en que su prioridad siempre fueron los presos políticos y la búsqueda de elecciones libres. Sin embargo, su papel refleja la dificultad de mediar en un país marcado por la represión, la polarización y el aislamiento internacional.